Una tregua pactada entre las principales pandillas de El Salvador redujo drásticamente los asesinatos y alienta la esperanza de que este país haya encontrado la salida del laberinto de violencia en el que parecía perdido. Pero hay incertidumbre por la fragilidad del acuerdo.
Desde que los líderes de las dos principales pandillas del país, la Mara Salvatrucha (MS-13) y el Barrio 18 pactaron el 9 de marzo la tregua en una prisión de máxima seguridad donde estaban recluidos, con mediación de la Iglesia Católica y de un representante de la sociedad civil, los índices de homicidios cayeron significativamente: de 14 a cinco o seis por día.
La tregua “probablemente puede ser fuente de esperanza, hasta de expectativa, pero eso no le da robustez”, dijo el comentarista de izquierda y excomandante guerrillero Dagoberto Gutiérrez.
Una política de reducción de homicidios que descansa en la voluntad y decisión de los jefes de las pandillas “está llena de riesgos e incertidumbres”, agregó.
La orden de frenar los ataques a la pandilla rival y a soldados, policías y guardias de seguridad fue acatada por las “clicas” o células de pandilleros diseminadas en todo el país. Una de las dudas es hasta cuándo esas clicas seguirán las directrices de sus jefes presos. En 2011, se perpetraron 4.374 asesinatos, que representan una tasa de 70 homicidios cada 100.000 habitantes, una de las más altas del mundo, según varios estudios internacionales.
“Estamos conscientes que le hemos fallado a Dios y a la sociedad y en nombre de toda mi pandilla, la MS-13, quiero pedirle perdón a la sociedad y que nos den una oportunidad de poder cambiar”, dijo el jefe de esa organización de pandilleros, Dionisio Umanzor, en una misa celebrada el 26 de marzo en la prisión de Ciudad Barrios, en el oriental departamento de San Miguel.
Sin embargo, estos grupos no han dicho que dejarán de cometer otros delitos, como la extorsión, que afecta a buena parte de los 6,2 millones de habitantes. Diferentes encuestas en los últimos años muestran que la violencia es el principal problema para los salvadoreños.
El 14 de abril, el presidente Mauricio Funes dijo ante sus pares reunidos en la VI Cumbre de las Américas en Colombia, que ese día había ocurrido algo “inédito”: era el primero en décadas sin un solo reporte de asesinato, aunque finalmente sí hubo un homicidio en esa jornada.
Según un reportaje publicado por el diario digital El Faro el 14 de marzo, a cambio de que los pandilleros pusieran fin a los asesinatos, el gobierno se comprometió a trasladar a prisiones con menos restricciones a los líderes históricos de esos grupos, recluidos en el penal de máxima seguridad de Zacatecoluca, conocido como “Zacatraz” y ubicado en el central departamento de La Paz.
El gobierno negó participación en el acuerdo entre las “maras”, como se las conoce popularmente, aunque admitió haber efectuado los traslados de los pandilleros a pedido del mediador de la Iglesia Católica, el obispo Fabio Colindres.
El fenómeno de las maras nació en la década de 1980 en Los Ángeles y otras ciudades de Estados Unidos, entre centroamericanos que se impregnaron de la vida de las pandillas criminales de ese país y que luego fueron deportados. (IPS)