Por Fabiana Frayssinet / RÍO DE JANEIRO
Las opiniones se contraponen en Brasil en torno a la causa penal que se le sigue a la firma estadounidense Chevron por derrames petroleros en alta mar. Mientras unos consideran que es una reacción nacionalista exagerada, otros entienden que es un castigo ejemplar y necesario.
El Ministerio Público Federal (fiscalía) comenzó las actuaciones esta semana en el juicio en que se acusa a Chevron de daños al patrimonio público y falsedad ideológica por el derrame de 2.400 barriles de crudo en noviembre, y de otro menor este mes, en la plataforma ubicada en el océano Atlántico, a 370 kilómetros de la costa de Río de Janeiro.
Chevron asegura que el segundo derrame del pozo situado a unos 1.200 metros de profundidad y parte del Campo de Frade, en la Cuenca de Campos, fue de “apenas cinco litros”, pero expertos calculan que es mucho mayor. La estela llega a “un kilómetro de extensión”, según un informe de la armada. “Lo que importa no es el tamaño de la mancha”, dijo el secretario de Medio Ambiente del gobierno de Río de Janeiro, Carlos Minc, al compararlo con el accidente de 2010 en el Golfo de México, donde se esparcieron unos cuatro millones de barriles.
El accidente de Chevron y otros menores dejan en evidencia algo más grave: si el país tiene capacidad para afrontar los riesgos de la explotación petrolera en aguas profundas del océano Atlántico.
Así lo advierte el oceanógrafo David Zee, de la Universidad Estadual de Río de Janeiro, quien hizo hincapié en que el desafío ambiental y tecnológico es mayor tras el descubrimiento de yacimientos de hidrocarburos en las llamadas capas “presal”, ubicadas hasta 7.000 metros de profundidad, bajo una capa de rocas y sal.
El gobierno estima que las nuevas reservas llegan a un volumen seis veces mayor a las existencias ya comprobadas de 14.000 millones de barriles. Según Zee, la explotación de petróleo presal implica un riesgo mayor, “porque estaremos explorando en profundidades mayores del suelo submarino”. “Llegaremos a regiones donde hasta ahora no lo hemos hecho y eso puede traer algunas incertidumbres: burbujas de sobrepresión y eventualmente fragilidades de la geología submarina”, anticipó.
Las investigaciones preliminares de los dos accidentes consecutivos indican que una de las causas del primero habría sido una presión, en la perforación, superior al límite establecido por los estudios geológicos previos, que habían advertido de una falla en el lugar. El segundo sería una consecuencia del anterior. (IPS)
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