La fiesta del Mardi Gras se asocia a un acontecimiento ruidoso que se lleva a cabo en Nueva Orleans, Luisiana, y otras zonas del mundo en enero y febrero. El “Gordo Martes”, día final del Mardi Gras, puede situarse en marzo, dependiendo del año calendario y de cómo se corresponda con el calendario litúrgico cristiano. Aunque el Mardi Gras puede ser legendario por sus disfraces, sus comidas deliciosas, su alegría rebosante y muchos actos de desenfreno, es probable que muchas personas — en particular las que no son cristianas — desconozcan el verdadero sentido de la celebración.
Los orígenes de esta festividad se remontan al calendario cristiano. Se supone que el Mardi Gras sea el último día de un período de festejos que se lleva a cabo en la temporada de carnavales. Para muchos cristianos, dicho período comienza con la Epifanía, o sea, cuando se reveló que Jesucristo es el Hijo de Dios, la cual se lleva a cabo pocos días después de Navidad. La tradición del Roscón de Reyes, una rosca que tiene dentro una moneda, una cuenta o un muñeco plástico dentro y es usual durante el Mardi Gras, tiene sus orígenes en la celebración de la Epifanía. El “rey” simboliza al Niño Jesús. La diversión y la alegría sana prosiguen durante el mes próximo, y llega a su momento cumbre en Mardi Gras. El nombre real del “Gordo Martes” procede de la tradición de sacrificar y comer un ternero cebado el último día de carnaval. Las personas muy religiosas también conocen el Mardi Gras como “Martes de Confesión” porque se confiesan antes de la Cuaresma.
Muchas personas podrían preguntarse por qué la alegría debe terminar el Mardi Gras en vez de continuar más allá de esa fecha. Esto se debe a que el Mardi Gras cristiano es el día final antes del inicio de la Cuaresma, un período de cuarenta días que, en la Iglesia Cristiana, se dedica al ayuno, la abstinencia y la penitencia. La finalidad tradicional de la Cuaresma es preparar a los creyentes para la conmemoración anual del sacrificio de Jesús por sus discípulos, y el milagro de su resurrección, así como de su ascensión al cielo. La participación en la temporada cuaresmal es una práctica común en muchas sectas de la Cristiandad como los católicos, presbiterianos, anglicanos, luteranos y metodistas. También ha ido ganando popularidad lentamente en otras denominaciones que no participaban históricamente en la Cuaresma.
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